Hombres de cine #2

Esto es Hombres de Cine. Te levantarías de la butaca, apartarías de un manotazo a la rubia que lleva dos escenas mareando la perdiz y le plantarías un beso de película. Sí, pues ese Hombre. Hablamos de "Él", ese chico tópico de Stockholm

¿Qué diría Lenin si viera a la CUP?

Cualquier repartidor estándar de aceitunas, rondando por el antaño cinturón rojo de la zona metropolitana de Barcelona, se sorprendía al comprobar la sobredosis de propaganda de las Cup. Por Raúl Muniente.

Así despedimos el 2015

Despedimos 2015 con una lista de más de quince horas de canciones. No son las mejores canciones de este año. Es más, la mayoría no son ni de este año. Aquí está todo lo que nos ha pasado este año 2015 metido en una lista. No queremos llamarlo regalo, pero en fin, es todo vuestro.

Hombres de cine #1

Esto es Hombres de Cine. Te levantarías de la butaca, apartarías de un manotazo a la rubia que lleva dos escenas mareando la perdiz y le plantarías un beso de película. Sí, pues ese Hombre. Hablamos de Jep, de La Grande Bellezza.

Árboles, música y lucecillas: así fue el Vida Festival

El Vida Festival es preciosidad. Es luces colgadas entre los árboles. Es la abuela de Casa Tarradellas dándonos de comer a todos en su casa de verano. Es un escenario-barca. Es conciertos no solapados. Es ruedas de paja como asiento. Es naturaleza entre música y al revés.

Por qué tenemos tanto cariño al SOS 4.8 y a Murcia, en general

El festival SOS 4.8 era aquel festival que empezó siendo de amiguetes, el festival familiar que abría la época festivalera, hecho con gusto y con un nivel de hipsterismo moderado y asumible. La cosa ha ido creciendo, y con ello su público, pero lo que más nos gusta de Murcia entera –y por ende, de este festival– es que mantiene su esencia. Grandes nombres en pequeñas dimensiones. Un gustazo, vaya. Aquí los puntos de por qué que nunca, nunca, nunca hay que fallar a esta cita de mayo: [caption id="attachment_4169" align="aligncenter" width="902"] ¡estáis a contraluz, estáis a contraluz! pues sí, lo estabamos[/caption] THE NATIONAL. Que The National pase por España, en concreto, Murcia, es motivo para dejarlo todo e ir ahí donde estén. Confirmamos desde aquí que un 70% del público mandó un whatsapp tonto a su ex durante “I need my girl”. Por lo demás, todo bien, público entregado. Siempre es bueno ver a un montón de humanos sensibles, cabizbajos, con sus manos en el pecho y chapurreando inglés con buena voluntad. Claro que también el público desató en locura cuando Matt Berninger – hombre al que adoramos – se lanzó hacia el público y se puso en contacto, muy contacto, con aquella marea humana convertida en pequeños monstruos. Esto es una réplica de lo que hace el jodido Matt en todos sus conciertos. En Murcia lo besaron en toda la boca, lanzaron globos en su cabeza y, por poco, no le arrancan la camisa. Nosotras, sufriendo y disfrutando a la vez. LORI MEYERS. Tenemos una teoría: Lori Meyers están guardados en una nevera del SOS, los dejan ahí todo el año, y cuando se acerca el 1 de mayo los sacan al escenario. Ahí están, edición tras edición, creciendo un poco con nosotras. Diciéndonos "mierda, os hacéis grandes, no deberías estar aquí ni cantando esto". Pero os queremos. Mientras en otras ediciones se empecinaban en presentarnos el álbum del momento, este año se rindieron al público tocando viejos hits. Que, en otras palabras, es a lo que veníamos. Ya van siete años de ‘Luces de Neon’, pero nos sigue emocionando como si tuviéramos quince años y Mi realidad fuera nuestra canción top#1 del iPod. EL ÚLTIMO VECINO. Gracias a Gerard de El Último Vecino por hacer que esas canciones que nos cantas se nos metan por dentro del cuerpo y por enseñarnos a bailar cual heroinómano de los años 80. Todo fue una fiesta, un baile eterno. Al día siguiente, salíamos de la tienda de campaña cantando: “hoy he tenido un sueeeeeeeño increíble…” [caption id="attachment_4167" align="aligncenter" width="898"] no hay nada mejor en el planeta Tierra que ver un concierto cuando se va el sol[/caption] METRONOMY. No era la primera vez que los veíamos, así que ya íbamos con cierta ventaja en aquello de bailar frente a este cuarteto de electrónica bailonga. Para nuestra sorpresa, no contaban con Olubgbenga Adelekan – su bajista – porque estaba siendo padre en esos momentos (eso contaron). Nos invadió la ternura. Luego pensamos un minuto en lo bonito que sería poder ser madres en ese momento, y después empezamos a bailar “Everything Goes My Way” sin importarnos donde dejaríamos a nuestros bebés. Con todo el rollo de la maternidad, se nos olvidó un poco el enfado por no tocar "Love Letters". HINDS. Aquí están las chicas que parten el bacalao, nuestras chicas favoritas. Llenaron el escenario y, para la hora tempranera que era, no pueden quejarse de público fiel. Todos babeamos un poco con el desparpajo y talento de estas mujeres chillonas a las que luego podías encontrar disfrutando como las que más del festival como Personas Normales. ¡Cuánto se echa de menos gente tan maja y tan buena! Hace dos año, Murcia a principios de mayo parecía Siberia, el Mercadona quedó arrasado en bufandas y leotardos. Este año la gente andaba aturdida a la entrada del cámping. 40ºC a la sombra, 55ºC en el interior de la tienda. Y todos los del norte desubicados por no haber hecho el cambio de armario a tiempo. [caption id="attachment_4170" align="aligncenter" width="902"] la sensación de cruzar un terraplén de arena a 45 grados sabiendo que tienes que montar una tienda 2 seconds, que nunca es 2 secons, no se lo recomendamos a nadie[/caption] THE VACCINES. A ver, Estrella Damm tiene la culpa de que The Vaccines sea música de un anuncio de cerveza, de un coche, de un perfume de mierda, de cosas jóvenes. Todo el rato te imaginas riendo y subida a la espalda de un chico rubio, californiano, al lado de una playa de la Costa Brava. Y tienes un montón de amigos y amigas guapas y os hacéis fotos en analógico para ser aún más guapos. Es una música que te dice “coleguita, éste es el verano de tu vida”. Y aunque nada de eso es verdad, hay que decir que no se está tan mal viendo como todo el mundo se lo pasa muy bien.  Nada como hacer el grito “the Vaxxiiiiiiins” en plan guiri follonero. MORRISEY. Morrisey y la carne ¿qué os vamos a contar? Como anécdota repetida decir que la gran mayoría de stands colgaron el cartel de “no se servirá carne hasta que termine Morrisey”, el stand de asado argentino incluido. Creemos que servían el choripan a base de ensalada. [caption id="" align="aligncenter" width="902"] Son solo dos días, pero si no te llevas tres neveras, doce fuets, cuatro botes de zumo, una silla para cada uno y algo de pica-pica no eres nadie en el cámping.[/caption] LOS PUNSETES. Ser Ariadna (voz) de Los Punsetes, mantener una actitud hierática con la vida y soltar barbaridades. Si tuviéramos que elegir ser algo en la vida, seríamos eso. Nunca una canción tan salvaje como Me gusta que me pegues nos causó un placer tan profundo y sincero al bailar. YEARS&YEARS. Son el hit del momento, el rebienta radios, y top 5 de cualquier radiofórmula. Incluso Spotify te los recomienda. Entras en el Corte Inglés y lo más seguro es que suenen ellos. En el Bershka suena el remix versión maquinero. Son Years&Years, y son ese grupo que da hasta un poco de cosa reconocer que te gustan. Arrastran fans como beliebers, aunque todavía no tienen nombre propio. Pero tendrán. Olly Alexander, voz de la banda, es sexy y baila sabiendo que es sexy. Británico de estilo desgarbado que atrajo gritos de féminas y hombres a partes iguales. Tuvimos que esperar hasta el final para escuchar la pegadiza “Kings” y marcarnos unos bailes arrítimicos. Pero valió la pena. [caption id="" align="aligncenter" width="900"] A veces parece que Jagger nos pague mucho dinero por estar siempre ahí. Pero no. De momento no. ¡Hola Jagger![/caption] En el SOS aunque los grupos se solapen, puedes correr de un escenario a otro en un periquete. Todo parece estar muy cerca. Voy al baño, voy a comer algo, voy a ver a los de Jagger, me voy al otro escenario, y todo esto en menos de 5 minutos sin perder a ningún amigo. Chapeau. Que tomen nota los otros festivales donde para cambiar de escenario tienes que recorrer el Camino de Santiago, coger un metro, tres transbordos y subir escaleras. [caption id="attachment_4168" align="aligncenter" width="901"] A veces cuando nos animamos mucho le pedimos a los camareros que se hagan foto con la patita. En ese momento hace mucha gracia. Ahora visto aquí, no tanto.[/caption] DORIAN. Cumplían 10 años, y hay que ir a Dorian, porque en su momento lo flipaste con ellos. En su momento es hace 10 años, y piensas ¿ahora qué? Esto es como volver a escuchar un disco de Laura Pausini. Pero no, fue apocalípticamente bello, un reencuentro espacial. Lo dieron todo encima del escenario, se creó tal sinergia con el público como pocas veces. Daba igual si era ‘todo lo que quiero es verte amanecer’, ‘pero cuando tu apareces desaparece el dolor’, ‘de donde nadie vuelve, yo te vi regresar’ o ‘a cualquier otra parte’, el público no cantaba, gritaba, saltaba y vociferaba. Nos llevaron a la adolescencia, y sí, a partir de ahora vamos a ir donde vayan Dorian, y que sean diez años más, por favor. Vídeo por Jonathan Cot. Hemos cortado la parte donde salimos algunos cantando, para preservar nuestra dignidad. Lloramos durante tres días al saber que este año el estadio de la Vieja Condomina no acogía el cámping. Berreamos, escribimos tres tuits de indignación, buscamos airbnb – en Murcia todavía está por llegar – hasta acabar conformándonos con el nuevo cámping. Leímos que era algo del estadio de atletismo de la zona universitaria. Bien, porque de nuevo teníamos gradas donde resguardarnos del sol achicharannte murciano y baños estilo vestuario, que siempre son de agradecer. Todo se agradece más allá de un Poly-clean. Mal porque resulta que la zona universitaria todavía no sabemos si está en Murcia o en Torrevieja, lo único que sabemos es que o cogías un tramvia y un bus, y al final llegabas. Desde aquí un saludo a la organización para que vuelva nuestra Vieja Condomina. ¡Viva! Murcia, cámping, vestuarios, McDonalds y su párking loco, caminatas al sol… nos vemos el año que viene. Contamos los días. [caption id="attachment_4181" align="aligncenter" width="900"] Esta es la imagen de la derrota. De tener que salir de la tienda arrastrándote cual serpiente en busca de sombra.[/caption]   Texto y fotografías por Andrea Gómez y Anna Pacheco Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.    

Hinds, las ciervas madrileñas que ya conoce todo el mundo

“¿Pero esto va a funcionar? Lo digo porque os estais emperrando, no es posible que paséis 20 horas encerradas en una habitación cantando la misma canción...”. Son palabras de madre. De esto ya hace ya un año, era invierno, y la casa de Carlota se había convertido en una especie de local de ensayo improvisado. La madre no entendía nada. Ana Perrote (guitarra y voces) y Carlota Closi (guitarra y voces) repetían en bucle las mismas canciones del EP Demo, y ese hit, Bamboo, que solo un año más tarde recorrería Europa y enamoraría al cantante de Black Keys. Pero entonces, ni Ana ni Carlota se imaginaban lo que iba a pasar. Ni la madre de Carlota que, de repente, había pasado de tener una hija estudiando medicina a tener a dos descontroladas haciendo garage en su casa hasta las tantas. La mitad de Deers –por aquella época se llamaban Deers y no Hinds, a la práctica nada importa, siguen siendo ciervas en inglés– ya habían empezado a componer y sólo bastarían dos bolos en Madrid para darse cuenta de que necesitaban más chicas en el escenario: “Nos dimos cuenta de que nos faltaba una batería cuando en uno de los primeros bolos en Madrid la gente empezaba aplaudir para marcar el ritmo”, recuerda Ana riéndose, ése fue el momento definitivo para asumir que Amber (la batería, rubia albino y rasgos holandeses) tenía que incorporarse de urgencia. Y también Ade (bajista), la convencieron para que se uniera regalándole un bajo para su cumpleaños. Y así, las cuatro, Hinds, actuaron por primera vez en abril del pasado año. Al día siguiente de ese primer concierto, su bandeja de Gmail echaba humo. Desde entonces ya las han reseñado en medios como el The Guardian, Pitchfork, NME y hasta grabaron una sesión para la BBC. Han teloneado a bandas como Black Keys o The Libertines y su gira las ha llevado desde Tailandia a Australia y hasta a los pubs más modernos de Paris, Amsterdam o Londres. Tiempo récord, menos de un año. Y solo cuatro canciones colgadas en su Bandcamp sin demasiados apaños ni arreglos. Garage indie ruidoso muy de estar por casa. Letras en inglés. Nada pretencioso. Y sin embargo, pum, todo un éxito. Ninguna de ellas supera los 23 años de edad. Antes de la banda, las Hinds se conocían “de la noche madrileña”, pero nada más. Ahora son una especie de familia itinerante: graban y componen, cuelgan su vida en Instagram, giran por Europa, comen pizza, salen de fiesta, pasan por hoteles (también hostales, campings y sofás de amigos) y escuchan mucho garage y hip y hop. Y sobre todo parece que se lo pasen muy bien todo el rato. “Estamos viviendo una especie de sueño que ni siquiera nos han dado tiempo a tener”, comenta Ana. Y Carlota, añade: “Nos hemos colado en el mundo de la música totalmente”. Solo Amber y Ade tienen estudios musicales, Carlota y Ana están aprendiendo sobre la marcha.  Aquí va un adorable relato de sus inicios del blog de Carlota. Y quizás es eso lo que las hace diferentes: no tienen las manías de los músicos de tota la vida, son charlatanas en el escenario, no se cortan en decir lo mucho que les emociona estar tocando en Amsterdam, o en cualquier lado, y saben reírse mucho de sí mismas y sus torpezas de novatas: “Nos reímos mucho de lo pringadas que somos a veces, por ejemplo, nos pasa que no de repente descubrimos que no sabemos con quién vamos a tocar o entendemos mal al promotor con el tema del alojamiento y acabamos durmiendo en una Quechua en el suelo...”. Mientras digieren esta meteórica carrera, reconocen que a veces les cuesta dormir. Sobre todo cuando están en la cama, en su cama de toda la vida, en Madrid. “Es el mismo techo que has estado viendo durante 20 años y, de repente, ya no estás pensando en el examen de mañana sino en la gira de la semana que viene, que estaremos en Australia, o algo así”. Cuesta de creer eso, y que los amigos te digan “se oye hablar de vosotras en todos los garitos de Londres”. En pleno proceso de grabar su primer disco, y liadas ahora en una gira mundial, las Hinds no tienen tiempo para nada. De momento, los estudios han quedado a un poco al lado (vienen de disciplinas diversas: medicina, relaciones públicas, arquitectura o fotografía), pero poco a poco la música lo está absorbiendo todo. La familia contempla este fenómeno entre fascinada y aterrada: “Son conscientes de que nos está yendo muy bien, pero a veces cuesta entender que con la música es muy difícil ganar dinero”, afirman. Y es que, por ahora, el dinero da para cubrir gastos y para nada más: llenar el combustible de la furgo, que normalmente conduce algún amigo suyo, y para alimento y cobijo. “Cuando giramos por España tenemos que suplicar a algún amigo para que nos acompañe para recordar que tenemos amigos y que nos lo pasamos bien juntos. Fuera de la gira, casi no tenemos tiempo de nada”, se lamentan, aunque con humor, del poco tiempo que les queda para hacer otras cosas que no sea Hinds. Además de tocar y ensayar, nos cuentan que son un poco “freaks de las redes sociales y a las estadísticas”. Hablan cada día (a través de mayúsculas, selfies y fotos en aeropuertos) a sus más de 15 mil fans en Facebook y otros tantos más que suman entre Twitter e Instagram. “A nosotras nos gustaría saber qué hace The Strokes cuando no están tocando, así que eso es lo que hacemos nosotras. Contarlo todo”, señalan. Son un grupo muy del siglo XXI. La espontaneidad que tienen hablando con nosotras es la misma que tienen en el escenario. Nadie diría que no han estado toda la vida tocando, o formando parte de una girl band. Este verano van a estar rodando por un montón de festivales –grandes y guerrilleros como Arenal Sound, FIB o SOS, y más pequeños e íntimos, como el Vida Festival–. Por primera vez, van a ser ellas las que estén encima del escenario y no de público eufórico. “Nunca hemos tocado en un festival así, real, yo creo que nos va a flipar porque nos encanta el verano y nos encanta tocar, son las dos cosas que más nos gustan”. Y así nos despedimos de ellas, tan enérgicas y divertidas como nos las hemos encontrado. Dicen que llevan días de gira sin parar, viajando y comiendo muy mal. Nadie lo diría. Parece que hay Hinds para rato.        Texto y fotografías por Andrea Gómez y Anna Pacheco Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.