Árboles, música y lucecillas: así fue el Vida Festival

El Vida Festival es preciosidad. Es luces colgadas entre los árboles. Es la abuela de Casa Tarradellas dándonos de comer a todos en su casa de verano. Es un escenario-barca. Es conciertos no solapados. Es ruedas de paja como asiento. Es naturaleza entre música y al revés. Es un montón de sillas portátiles para llevar de un lado a otro a otro y volverse un poco loco. Es ver un concierto, comerse una hamburguesa, andar pausadamente al otro y, entre tanto, contemplar las estrellas tumbado en la hierba. Si uno quiere. Es ponerse una rama en la oreja y empezar a silbar dando alegres brincos. Es el momento, ¡amigas!, ¡chicas!, de ponerse un vestido de flores. No hay contexto mejor. Es el momento de tener una familia, cinco hijos, echarse un novio y hacerlo marido. Es darse un revolcón adolescente encima de un pedrusco y hacerse un poco de daño. Es explicarse historias –de borracho– a luz de un tronco con cinco desconocidas, que ahora son tus mejores amigas, pero que hasta hace un rato no habías visto jamás. Es un festival para ligar. Y para querer más a tus amigos. Y para abrazar árboles. Es un festival de enviar fotos a todos tus grupos del Whatsapp con un “mirad, dónde estoy”. Es un festival que a tu madre le gustaría. Es niños corriendo entre el cámping mientras sus padres preparan bocadillos y cuelgan tiras de colores. Es Nacho Vegas siendo muy él, cara tapada, camuflado en sus gafas y entre la vegetación cantando eso de “Cómo hacer crac” mientras, a lo lejos, retumban pajaritos y laten un poco más fuerte los corazones. Es un escenario en forma de cabaña con una cabeza de ciervo de cartón. Es el cantante de Father John Misty sabiendo que es sexy, recreándose encima del escenario y haciéndolo saber. También es esto bailado en forma de vals. Es un sábado que dobla asistentes del viernes, lo convierte todo en más interesante, pero nunca haces cola para ir al baño ni pedir una birra. Es un cámping donde si te toca acampar donde el pueblo y la muchedumbre sabes perfectamente que a las nueve de la mañana ya estarás en pie. 45 grados pegan fuerte. Es escoger ver los conciertos en primera fila sin nadie que moleste. Es descubrir el directo de Benjamin Clementine, la perfecta mezcla de Anthony and The Johnsons, Leonard Cohen y Tom Waits y andar por ahí suplicando algún que otro abrazo y que te sequen las lágrimas, por favor. Es confirmar que Hinds no son ningún hype, ni que pueden perder esa felicidad que siempre arrastra. Ellas viven la música, disfrutan de sus directos y contagian con facilidad. Su sensualidad en el escenario es digna de estudio. Y gracias por ese bis, conseguisteis animar ese pequeño bosquecillo más de lo debido. Es puestas de sol entre árboles. La vida debería ser esto. Es encontrarte con nuevas propuestas que ignorabas y que en ese momento te parecen lo mejor del universo: los Mambo Jambo. Es lo que tu cuerpo pide a la una de la madrugada, rockabily muy fuerte, bailoteo, carne de fiesta mayor. Gracias por darnos uno de los mejores momentos del festival. Son mesas de cámping de madera que se convierten en podiums improvisados. Para algunos, claro. Para nosotras, no sé. Es querer que el concierto de The War on Drugs dure cinco horas más. Es un faro entre árboles, pájaros de papel colgados de las ramas, nubes de algodón suspendidas de un hilo y un camino de bombillas. No estamos exagerando ni un pelo. Es un festival de bodegones, de rincones para Instagram y carne de cañón para Pinterest. Mierda, es un festival de bloggers. ¡¡No somos bloggers!! La culpable de todo lo bello en decoración es ella ¡amadla! ¿Cómo de bonito es decir que te dedicas a ser directora de arte de festivales? Es la maldición de trabajar el lunes y no poder quedarse a escuchar la nueva canción de Modelo de Respuesta PolarCrece” al lado del mar. Ni llorar un poco “El tiemblo”. Mejor no llorar los domingos. Es llegar a la conclusión que Indiescabreados mejor que se dediquen a Twitter. Y ya está. Twitter, fenomenal. Es Joan Miquel Oliver haciéndonos olvidar lo mucho que echamos de menos Antonia Font. Y lo poco que conocemos lo nuevo, pero qué bien. Es reclamar por contrato que por favor todos los festivales programen Dj Coco a última hora. Es niños, muchísimos niños. Correteando, aprendiendo a caminar, pintándose la cara, bailando en los hombros de sus padres. Es un festival que parece modosito y tiene unos escenarios que muchos ya querrían. Es estar en la playa y no perderte ni un solo concierto de los que suenan desde el chiringuito La Daurada Beach. Y luego un arroz negro. Es sudar mucho. Pero sudar en compañía, que entonces ya da igual. Es Guille Milkiway, de la Casa Azul, en versión DJ, pinchando temazo tras temazo, volviéndonos locos. Y haciéndonos perder cualquier resto de dignidad con “Yo quiero bailar, toda la noche, baila, baila, bailando…”. (Encima de unas sillas) Es unos palés iluminados con bombillas en la parte inferior, donde sentarse, ver clips del Inedit Festival hasta altas horas de la noche. Es un maldito bus que costaba un euro. Es un cámping que no es cámping y con parones en la ducha de 5 minutos, donde la desnudez, el jabón en la cara y la espera crean maravillosas situaciones de Ser Muy Chicas del Instituto. Es Woods algo caóticos y como desentrenados. Hasta que sonó esto y recordamos a lo que veníamos. Es piel de gallina con Andrew Bird, un recital. En realidad es un festival de llorar mucho. Es bichos, hormigas, saltamontes, moscas, mosquitos y demás fauna nocturna. Es la música en versión slow. Con pocas solapaciones. Con pausa, saboreando, sentado, de pie, comiendo cerezas, con la niña, el carrito, la bici y los amigos.

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Primal Scream sabiéndose los reyes del lugar. Foto de Mika Kirsi

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¿sabéis lo que hablabamos de ser sexies? Pues ella es Ana Perrote, de Hinds. Foto de Lulu Voodoo.

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Joshua Tillman, aka, Father John Misty, pensando en el siguiente movimiento de caderas para seducir al público. Foto de Mika Kirsi

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Los Mambo Jambo nos hicieron perden en su concierto 4kg por persona de tanto bailoteo y salto. Foto de Lulu Voodoo.

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Benjamine Clementine, al piano, haciéndonos sentir a todos muy fuerte. Foto de Mika Kirsi.

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Carlota Cossials, al mando de la voz y la seducción de Hinds. Foto de Lulu Voodoo.

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No podían faltar las furgonetas de comida -por dios, no hace falta llamarlo a todo food truck- con lucecitas y comida rica. Foto de Mika Kirsi.

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¡esto es la decoración de un festival! increíble, pero cierto. Foto de Mika Kirsi.

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El típico bodegón atrapa fotos de Instagram. Bien pensado. Foto de Mika Kirsi.

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Después de colgar esta foto aquí, irá directa al tablero de Pinterest “festivales de ensueño”. Foto de Mika Kirsi.

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Lo del amor… bueno. Quizás tiraron algo en el aire. Foto de Mika Kirsi.

Texto por Andrea Gómez y Anna Pacheco. Fotografías cedidas por el Vida festival.
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